Promovemos el bienestar animal a nivel nacional
Buena salud, condiciones físicas y psicológicas adecuadas, y que puedan expresar sus comportamientos naturales. Al hablar de bienestar animal, básicamente nos referimos a calidad de vida y estos factores son determinantes en ello.
Muchos afirman que, en la práctica, nadie es capaz de ofrecer bienestar a un animal y que es el propio animal el que se da a sí mismo esas libertades. Pero es innegable que es el ser humano quien crea las condiciones para que los animales puedan adaptarse de la mejor manera posible a un medio ambiente en permanente cambio y con diferentes matices.
Vivimos una era en la que la interconexión y la interdependencia son innegables en todos los ámbitos. Y en ese sentido, lo que puede parecer contradictorio, guarda dentro de sí el gen inicial de lo complementario. Bienestar animal, sí. Bienestar humano, también.
El Bienestar Animal guarda dentro de sí la innegable característica de ser multidimensional y no puede encasillarse únicamente en el ámbito de los derechos de las especies y de la naturaleza. Muchísimas variables y casos se entrecruzan en esta temática, y esa casuística tan diversa impide medir con la misma vara a los distintos animales que comparten el planeta con el ser humano.
Establecer una legislación internacional y, posteriormente, aterrizarla al ámbito local reviste una complejidad que no es ajena a las diversas características de una nación, que pueden ir desde el cuidado del medio ambiente, la gestión de la fauna urbana, la soberanía alimentaria o las capacidades productivas; hasta temáticas más sutiles y profundas como la cultura, la convivencia interespecies y la gastronomía.
Este concepto se deriva de las cinco libertades de la que debe gozar un animal:
Para llegar a establecer estas cinco libertades, necesariamente han debido intervenir dimensiones humanas como la política, la ciencia, la ética, la economía, la cultura e, incluso, la religión. De otro modo no habría sido posible que países enteros se hayan puesto de acuerdo en organismos como Naciones Unidas para lograr que esas definiciones se vayan consolidando como principios universales.
Los avances alcanzados no pueden ser minimizados y, mucho menos, desechados. La construcción de una legislación que logre conciliar el bienestar animal y el bienestar de la sociedad humana puede parecer lenta y engorrosa, pero es necesaria porque no puede prescindir de criterios que superan la visión eminentemente animalista y demanda análisis mucho más amplios en los que la realidad que afecta directamente a la convivencia humana no puede quedar al margen.
La Constitución de la República del Ecuador reconoce los tratados internacionales ratificados por nuestro país y los compromisos que de estos se desprenden.
En ese marco, la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) reconoce a la Agencia de Regulación y Control Fito y Zoosanitario (Agrocalidad) como única autoridad para aplicar las medidas de protección de la sanidad y el bienestar de los animales, los procedimientos internacionales de certificación veterinaria y las demás normas y recomendaciones del Código Sanitario para los Animales Terrestres.
Agrocalidad es el único ente nacional encargado de la regulación y control de la sanidad y bienestar animal, sanidad vegetal y la inocuidad de los alimentos en la producción primaria en el país, al que corresponde aplicar las medidas de protección de sanidad y el bienestar de los animales, los procedimientos internacionales de certificación veterinaria y demás normas y recomendaciones del Código Sanitario para los Animales Terrestres, así como dictar regulaciones técnicas en materia fito, zoosanitaria y bienestar animal, además de controlar el cumplimiento de regulaciones técnicas.
Los Gobiernos Autónomos Descentralizados Municipales o Metropolitanos tienen como función el coordinar con la Agencia de Regulación y Control Fito y Zoosanitario la gestión de competencias en materia de bienestar animal en el territorio.