El bienestar animal es una ciencia que viene evolucionado a pasos agigantados en décadas pasadas. Hace 40 años, el estudio científico del bienestar animal era tema de muy pocas publicaciones científicas, sin embargo, esta área ha experimentado un rápido desarrollo desde aquel entonces, con miles de publicaciones indexados en revistas científicas de alto impacto (Broom , 2022). Esto no quiere decir que el bienestar animal no ha existido desde la antigüedad, al contrario, este siempre ha estado presente, pues es una característica intrínseca de los animales, simplemente lo que los humanos sabemos al respecto se ha sido modificando con el tiempo (Broom, 2011).
Antes del siglo veinte, ya algunos empezaron a plantearse el cómo deberíamos tratar a los animales con quienes compartimos el mundo. Estas visiones en muchos casos eran completamente polarizadas. Autores como el filósofo René Descartes pensaban que los animales carecían de conciencia, mente ni alma, siendo simplemente “autómatas complejos” sin la capacidad de razonar, sufrir o sentir dolor. Otros autores como Jeremy Bentham, quien formula su famoso cuestionamiento “La pregunta no es si pueden razonar ni si pueden hablar, sino si pueden sufrir” (Beaver y Goliat, 2023) tenían una visión más inclusiva sobre los animales.
Pero no es hasta el siglo veinte, donde se daría un cambio de 180° sobre lo que sabemos del bienestar animal. Específicamente en 1964 en el Reino Unido, la escritora y activista Ruth Harrison publicaría un libro llamado “Animal Machines (Máquinas Animales)”, este ejemplar cuestionaba sobre el trato de los animales en las producciones de aquel entonces. El estallido social causado por este libro, llevaría a que en 1965 se forme por petición del gobierno Inglaterra, lo que se conocería después como el comité de Brambell. Este fue el encargado de estudiar el trato de los animales en producciones y cambiaría la manera que vemos el bienestar animal para siempre, pues entre sus recomendaciones se promulgó las 5 libertades de los animales (Fig 1.) (Woods, 2012).

Las 5 libertades sentarían un precedente en la ciencia del bienestar animal, sin embargo, estas serían solo la base. El concepto de bienestar animal todavía sigue desarrollándose (Appleby, Olsson y Galindo, 2018), hoy por hoy este busca: (1) estudiar de manera más profunda el impacto de las condiciones donde viven los animales sobre las emociones, sentimientos y estados de ánimo de estos seres, (2) no solo evitar las experiencias negativas, sino también, proveer vivencias positivas y (3) la constante mención de medir el bienestar animal como experiencias acumuladas y en el tiempo (Reimert et. al., 2023). Las 5 libertades, se quedan cortas en estos aspectos.
Según Mellor (2016) las 5 libertades tienen varias dificultades para ajustarse a un concepto moderno de bienestar animal, pues han permanecido prácticamente idénticas desde 1965, salvo una corta modificación hecha por John Webster en 1993-94. Una breve mención sobre las falencias incluye: (1) la idea de que la libertad es una absoluta ausencia de experiencias negativas, siendo esto, muy irrealista. (2) la falta de énfasis directo sobre los aspectos emocionales y de estado de ánimo de los animales como seres sintientes, teniendo un mayor enfoque hacia los aspectos físicos, (3) una fuerte tendencia hacia prácticas de cría dirigidas principalmente a mantener con vida a los animales y no buscar aquellas destinadas a lograr más que simplemente la supervivencia, es decir, aquellas que les permiten prosperar y (4) la carencia de la consideración de la relación humano animal dentro del bienestar.
Por ello, si bien las 5 libertades han servido como punto de partida, nuevos modelos se han creado como los 5 dominios (Mellor, 2016 y Mellor et. al., 2020), las tres esferas (Fraser, 2008), pirámide de Maslow (Mellor, Hunt y Gusset, 2015), entre otros. En general, el esquema mundialmente utilizado para evaluar el bienestar animal, es el de los 5 dominios (Fig. 2) (Diggins et. al., 2022). Este modelo es mucho más holístico, pues cumple con todos los requisitos modernos de la ciencia del bienestar, ya que, (1) busca interrelacionar el cómo los aspectos físicos (dominios de nutrición, ambiente, salud e interacción de comportamiento) impactan sobre las emociones, sentimientos y estados de ánimo (dominio de mente), (2) es constantemente actualizado y en sus últimas versiones considera la promoción de experiencias positivas y las interacciones humano-animal y (3) finalmente permite evaluar de manera más integral el impacto que tienen las condiciones bajo las que viven los animales. Es por ello, que en luz de la ciencia más actualizada, como Asociación Ecuatoriana de Bienestar Animal (AEBA) se ha decido usar a futuro y en corto plazo, el modelo de los 5 dominios como la base que rige sobre nuestras funciones.

Referencias: